Ya no siento el dolor de las canciones de amor,
el dolor ajeno es ahora más ajeno que nunca.
No importa cuán sola me encuentre o cuánto frío haga en mi habitación,
el dolor no me roza más la piel, los tejidos se han sanado con su presencia.
No siento haber estado alguna vez herida,
los recuerdos de un estado catatónico no duelen ni despierta ni dormida.
Y ahora no comprendo la infelicidad de otros,
no siento empatía y tampoco culpabilidad.
Sonrío porque puedo respirar profundamente,
no tengo necesidad de llorar y no se me apetece hacerlo después del almuerzo.
Me encuentro completa, así que dejé de buscar mis propias piezas en el suelo.
No soy más un vidrio roto y punzocortante,
Me encuentro completa.

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