Cómo olvidarte si por las noches al acostarme, mi cama grita los recuerdos guardados entre sábanas y no hace fácil llevar este amor trágico e imposible, que es como todo verdadero amor.
Cada recuerdo estaba escrito en mis poros, en el aire, en la memoria de mi habitación, en el pasadizo vacío, en mi corazón.
Te quería con cada pedazo roto de mi alma.
No había sido fácil vivir aquellas semanas. Aún no consigo vivir del todo bien, pues esto que hago realmente no es vivir.
Te buscaba aun sabiendo que no te encontraría, y que esta búsqueda solo era un juego más de mi mente sin escrúpulos, de una mente malévola.
Recuerdo el color del polo que llevabas puesto ese día. Recuerdo también tu perfume. Recuerdo el camino, y recuerdo el momento y lugar preciso en el que decidimos separarnos - que decidiste separarme de tu camino.
En momentos como estos me preguntaba si alguien se daba cuenta de cuanta tristeza podía llevar en el pecho. Quizás alguien podía notar cómo la melancolía se escabullía por las comisuras de mis labios hasta entristecer por completo mi rostro pálido.
Me había cansado de tratar de olvidarte, así que decidí pensarte otra vez y no luchar contra lo que siento. Decidí quererte un poco más.
Otra vez sentía ese vacío en el pecho que no me dejaba respirar. Me ahogaba, necesitaba aire. No. Te necesitaba.
No pensé que serías feliz tan rápido. No pensé que me olvidarías al cerrar la puerta, al alejarte a pasos gigantescos de mi lado.
No recuerdo una mirada tan llena de desprecio como la que hoy vi en tus ojos. Me asusté. No esperaba ver esa actitud tan despectiva, ni esperaba sentir que cada poro de tu piel me gritaba, al pasar por tu lado, tu odio personal.
Las últimas veces que pronunciaste mi nombre, se podía notar cierto desencanto en tu voz. Voz apagada y medio muerta. Ya no era agradable escucharte decir mi nombre.
Tú me odiabas, de eso estaba completamente segura. Talvez sea porque cada vez que me mirabas, podías observar en el suelo por donde caminaba, el reflejo del gran error que cometiste al hacerme daño. Para tu mala suerte, cada vez que me veías, te hacía recordar cuán malvada podía llegar a ser una persona. Fui un error, entonces.
Y mi impulso, maldito impulso, hizo preguntarme por qué se sobó los ojos de esa manera, por qué fumaba, por qué no m acerqué a preguntarle si se encontraba bien. Eso me llevó a encerrarme en el baño, a estar a punto de llorar como salvaje, a taparme la boca para que nadie escuche mis sollozos. Y en el momento que decidí salir de mi tormento, la encontré.
No pensarás en mí ni la cuarta parte de lo que yo pienso en ti. Eso es lo más triste, lo más patético de mi trágico amor que solo yo creé en mi mente hace ya mucho tiempo.
Cada recuerdo estaba escrito en mis poros, en el aire, en la memoria de mi habitación, en el pasadizo vacío, en mi corazón.
Te quería con cada pedazo roto de mi alma.
No había sido fácil vivir aquellas semanas. Aún no consigo vivir del todo bien, pues esto que hago realmente no es vivir.
Te buscaba aun sabiendo que no te encontraría, y que esta búsqueda solo era un juego más de mi mente sin escrúpulos, de una mente malévola.
Recuerdo el color del polo que llevabas puesto ese día. Recuerdo también tu perfume. Recuerdo el camino, y recuerdo el momento y lugar preciso en el que decidimos separarnos - que decidiste separarme de tu camino.
En momentos como estos me preguntaba si alguien se daba cuenta de cuanta tristeza podía llevar en el pecho. Quizás alguien podía notar cómo la melancolía se escabullía por las comisuras de mis labios hasta entristecer por completo mi rostro pálido.
Me había cansado de tratar de olvidarte, así que decidí pensarte otra vez y no luchar contra lo que siento. Decidí quererte un poco más.
Otra vez sentía ese vacío en el pecho que no me dejaba respirar. Me ahogaba, necesitaba aire. No. Te necesitaba.
No pensé que serías feliz tan rápido. No pensé que me olvidarías al cerrar la puerta, al alejarte a pasos gigantescos de mi lado.
No recuerdo una mirada tan llena de desprecio como la que hoy vi en tus ojos. Me asusté. No esperaba ver esa actitud tan despectiva, ni esperaba sentir que cada poro de tu piel me gritaba, al pasar por tu lado, tu odio personal.
Las últimas veces que pronunciaste mi nombre, se podía notar cierto desencanto en tu voz. Voz apagada y medio muerta. Ya no era agradable escucharte decir mi nombre.
Tú me odiabas, de eso estaba completamente segura. Talvez sea porque cada vez que me mirabas, podías observar en el suelo por donde caminaba, el reflejo del gran error que cometiste al hacerme daño. Para tu mala suerte, cada vez que me veías, te hacía recordar cuán malvada podía llegar a ser una persona. Fui un error, entonces.
Y mi impulso, maldito impulso, hizo preguntarme por qué se sobó los ojos de esa manera, por qué fumaba, por qué no m acerqué a preguntarle si se encontraba bien. Eso me llevó a encerrarme en el baño, a estar a punto de llorar como salvaje, a taparme la boca para que nadie escuche mis sollozos. Y en el momento que decidí salir de mi tormento, la encontré.
No pensarás en mí ni la cuarta parte de lo que yo pienso en ti. Eso es lo más triste, lo más patético de mi trágico amor que solo yo creé en mi mente hace ya mucho tiempo.
Aquí ya no se entiende nada, yo creo que todo está al revés o de cabeza o simplemente ya no está. Todo lo que conocí se ha ido. De este lado de la cama se siente el frío de la otra orilla. Siento que la distancia que nos separa es mi enemiga y nunca quiso conocer mis motivos para que no te aleje de mí. Y quisiera correr hacia tus brazos, acomodarme en tu pecho, oler por última vez el perfume de tu cabello y luego con el corazón en mil y un pedazos alejarme de ti. Me alejaría tan feliz y triste, la más perfecta combinación de sentimientos.
Si te pido un abrazo, ¿me lo darías o te darías media vuelta y no mirarías hacia atrás? Yo correría tras de ti, sabes. Como una lunática que no cree en la racionalidad del mundo, porque sabe bien que todo dejó de tener sentido cuando la obligaron a desprenderse de lo único que tenía para ser feliz; como si fuera mi propia esquizofrenia; como si de eso dependiera mi vida. Yo correría tras de ti, simplemente para tomar tus manos y ponerlas en mi rostro, para tener un segundo más al mirarte a los ojos y recordar ese momento que sé que sería perfecto porque tú estarías en el.
