Me pregunto por qué la noche me sabía a melancolía en los labios y a soledad en la lengua.
Alguien que me diga por qué mis ojos ya no te veían aún cuando te buscaban.
No era usual que necesite abrazar a mi alma y sentirla caliente junto a mi pecho, como si quisiera estar segura de que sigue ahí.
Supongo que el tiempo que pasó ya no significa nada. Son minutos perdidos y, con suerte, horas ganadas.
Pero el miedo aún no pierde significado y se siente de a pocos cuando hay dudas.
Y la distancia que no es sino el vacío en toda su magnitud lleno de silencios lejanos.
Ya no escucho susurrar a tus pensamientos y temo que por las noches pueda oír que ya no dices mi nombre en voz alta. Quizá dejaste de pensar en mí.
Y está bien.
Es cierto que me miento de vez en cuando. Es la única manera de saber que debo ser valiente y fuerte. Una heroína.
Ya no respiro con regularidad. Dejé de quererme a mí misma.
Me cubro los ojos para no ver mi soledad. Y creo que he muerto porque esto ya no es vida.
Me han dicho que la muerte es fácil.
Vivir es más difícil y duele cuando te acuerdas de respirar por la nariz.
Ven, dame tu mano. Pero si te vas, cierra la puerta después de salir.
Por favor, no temas. Yo estoy aquí para cubrirte el corazón con las manos llenas de calor.
Te abrazo en mis sueños y luego muero en la incoherencia de lo que pudo ser una vida feliz, sin alma que duela, sin tristezas que consolar.
Y duermo con una sonrisa que se posó en mis ojos entreabiertos.
Cierro la boca y me muerdo los labios para que mis pensamientos no te llamen.
Me pregunto por qué la noche me sabía a melancolía en los labios y a soledad en la lengua.
Supongo que todo está bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario