Se escucha de lejos, muy de lejos, el suspiro de tu alma al decir mi nombre, al llamarme y pedirme que regrese a tu lado antes del amanecer.
Me encuentro en camino, mi cielo hermoso. Camino hacia donde pertenezco, ahí donde somos felices.
El clima por aquí ha cambiado desde que me alejé de ti.
Las mañanas son nubladas y no alientan al ánimo a levantarse de la cama, por las tardes el sol no quiere salir y por las noches llueve como si un ángel llorara desconsoladamente.
Aunque debo admitir que a veces, solo a veces, no se me hace tan difícil la distancia que nos separa, incluso en algunas ocasiones puedo respirar con normalidad.
Todo se hace más llevadero cuando imagino tu sonrisa y sonrío como respuesta a tu recuerdo.
Y creo por un momento, tan pequeño como para creer que existe, que mi felicidad puede reconstruirse a base de recuerdos que no son tan perfectos como los momentos vividos debido a mi mala memoria que no les hacen justicia.
Se escucha de lejos, muy de lejos, el grito de mi pecho cuando dice “te extraño”, el llanto de mis sueños que olvidaron el rostro del protagonista y la muerte silenciosa de los pensamientos románticos que perdieron sentido al no tenerte.





