sábado, 24 de diciembre de 2011

Tu me manques

Se escucha de lejos, muy de lejos, el suspiro de tu alma al decir mi nombre, al llamarme y pedirme que regrese a tu lado antes del amanecer.
Me encuentro en camino, mi cielo hermoso. Camino hacia donde pertenezco, ahí donde somos felices.
El clima por aquí ha cambiado desde que me alejé de ti.
Las mañanas son nubladas y no alientan al ánimo a levantarse de la cama, por las tardes el sol no quiere salir y por las noches llueve como si un ángel llorara desconsoladamente.
Aunque debo admitir que a veces, solo a veces, no se me hace tan difícil la distancia que nos separa, incluso en algunas ocasiones puedo respirar con normalidad.
Todo se hace más llevadero cuando imagino tu sonrisa y sonrío como respuesta a tu recuerdo.
Y creo por un momento, tan pequeño como para creer que existe, que mi felicidad puede reconstruirse a base de recuerdos que no son tan perfectos como los momentos vividos debido a mi mala memoria que no les hacen justicia.
Se escucha de lejos, muy de lejos, el grito de mi pecho cuando dice “te extraño”, el llanto de mis sueños que olvidaron el rostro del protagonista y la muerte silenciosa de los pensamientos románticos que perdieron sentido al no tenerte.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Me hallé en tí

Yo no te buscaba.
No esperaba encontrarte al cruzar la calle y voltear la esquina.
Yo me encontraba bien, en serio.
No me molestaba caminar sin vida en el alma, tampoco me molestaba ver pasar los días por mi ventana ni mucho menos sentir que el sol ya no saldría mientras yo me encuentre esperándolo.
Yo no te buscaba.
No pensé que al mirarte a los ojos sentiría que no quería voltear la mirada porque significaría perderte de vista.
No creí que al abrazarte sentiría que había encontrado la pieza faltante que necesitaba mi cuerpo para hacer feliz a mi alma.
Se vuelve inexplicable algo tan exquisito como sentir tu perfume y el mío ser un mismo aroma, mientras nuestros cuerpos se entrelazan en un abrazo eterno y nuestros labios acortan la distancia innecesaria.
Definitivamente, yo no te buscaba.
Quién diría que al encontrarte, me encontraría a mí misma.
Y sucedió.
Ocurrió como ciertos hechos que no necesitan motivos para darse, como ciertos sucesos que ocurren en el tiempo y no tienen porqués. Así sucedió lo nuestro, porque no todo tiene que tener razones para ser.
En serio, yo no te buscaba.
Sabía que esto sería difícil.
Siempre es difícil cuando uno no busca querer a alguien ni espera enamorarse ciegamente.
Es difícil porque sí, así me dijeron (“ellos”).
Supongo que debe estar escrito en algún lugar que querer de esta manera es dañino y por eso se debe tratar no hacerlo, porque afecta a la salud y puede ocasionar problemas cardíacos irreversibles.
Yo siempre tuve las defensas bajas, debe ser por eso que me cautivaste y de ahí que me enamoro inevitablemente.
Yo no te buscaba.
Y te abrí los brazos como si fueras un niño perdido y asustado que busca refugio. Y me miraste de la misma manera que los niños miran los regalos en Navidad.
Yo te quise en ese mismo momento.
No te lo dije porque aún hoy suena como una locura y algo completamente irracional.
Pero dime, ¿cuándo he sido racional para quererte?, si yo te quiero con la poca cordura que me queda de tanto quererte.
En ningún momento yo te busqué.
Y te encontré un domingo de Noviembre por la noche, al cruzar la calle y voltear la esquina.

Yo no te buscaba y me hallé en ti.