Decepciones de un día del que no recuerdo ni la fecha, pues preferí olvidarlo por motivos que se me hacen difíciles de nombrar, me hacen creer que ellos tienen la razón y que es cierto que la vida no es justa.
Y la pena que siento se une con mi cólera en el éxtasis de aquella decepción, y me mira, como el cielo mira al mar, y yo siento que mi pena habla, me dice algo casi inaudible y yo no entiendo.
Y trato de recordar aquello que me hizo quedar dormida por tanto llorar, y por más que trato no lo recuerdo, y creo que ya lo olvidé, porque ya nada siento, ya nada me duele.
Entonces yo preferí dormir sin pensar que esa noche soñaría, y decidí conformarme con recuerdos que no duelen, y así creer, por un momento, hasta que me quede sin más recuerdos que recordar, que soy feliz. Dulce pensamiento. Engaño exquisito.
