Triste y feliz. Una dulce combinación en el delirio de mis patéticos pensamientos y sentimientos que una vez más juegan conmigo.
¿Las lágrimas? No me preguntes si son de tristeza o de felicidad. No lo hagas.
Trate de limpiármelas con las palmas de mis manos, lo hice casi violentamente, hasta que al respirar pude percibir tu aroma en mis manos. Y ahora, recordaba que las habías sostenido por un buen tiempo, que habías tomado mi mano al caminar a mi lado y que por alguna ilógica razón, mis manos atraparon tu aroma, tal vez en un intento desesperado de quedarse con algo de ti, porque hasta ellas sabían que en algún momento ibas a soltarlas, y que solo quedaría el recuerdo y un vacío difícil de llenar.
Cerré mis ojos y escondí el rostro entre mis manos, conteniendo un grito ahogado, tragando la saliva para que el nudo en la garganta disminuya un poco, oliendo tú perfume, recordando lo feliz que soy cuando estás conmigo, torturándome unos minutos más.
Aún no sé por qué esta vez creí que sería diferente. Odio admitir que no sé la razón. Yo siempre supe comprender la extrañeza de nuestra relación. Y aún así, no sé por qué rayos pasó por mi mente que esta vez, solo esta vez, por única vez, todo sería diferente.
Pero, ¿de qué me quejo? Yo siempre supe a qué me arriesgaba. Sé que en un primer momento, no estaba segura de si debía o no arriesgarme, pero las cosas cambiaron, o tal vez yo cambié. No sé.
Solo sé que hoy hacía frío por la noche y era un frío helado, de esos que cuando rozan tu piel, se te escarapela. Sé que hoy es luna llena y que había estrellas en el cielo, casi ni se notaban, eran pocas pero para mí eran suficientes. Y sé también que te quiero demasiado, y que mañana, mañana estaré bien.
¿Las lágrimas? No me preguntes si son de tristeza o de felicidad. No lo hagas.
Trate de limpiármelas con las palmas de mis manos, lo hice casi violentamente, hasta que al respirar pude percibir tu aroma en mis manos. Y ahora, recordaba que las habías sostenido por un buen tiempo, que habías tomado mi mano al caminar a mi lado y que por alguna ilógica razón, mis manos atraparon tu aroma, tal vez en un intento desesperado de quedarse con algo de ti, porque hasta ellas sabían que en algún momento ibas a soltarlas, y que solo quedaría el recuerdo y un vacío difícil de llenar.
Cerré mis ojos y escondí el rostro entre mis manos, conteniendo un grito ahogado, tragando la saliva para que el nudo en la garganta disminuya un poco, oliendo tú perfume, recordando lo feliz que soy cuando estás conmigo, torturándome unos minutos más.
Aún no sé por qué esta vez creí que sería diferente. Odio admitir que no sé la razón. Yo siempre supe comprender la extrañeza de nuestra relación. Y aún así, no sé por qué rayos pasó por mi mente que esta vez, solo esta vez, por única vez, todo sería diferente.
Pero, ¿de qué me quejo? Yo siempre supe a qué me arriesgaba. Sé que en un primer momento, no estaba segura de si debía o no arriesgarme, pero las cosas cambiaron, o tal vez yo cambié. No sé.
Solo sé que hoy hacía frío por la noche y era un frío helado, de esos que cuando rozan tu piel, se te escarapela. Sé que hoy es luna llena y que había estrellas en el cielo, casi ni se notaban, eran pocas pero para mí eran suficientes. Y sé también que te quiero demasiado, y que mañana, mañana estaré bien.