Era una de tus cartas que había caído accidentalmente al suelo, estaba a los pies del cajón donde guardaba tus recuerdos. Hice algo sin pensarlo dos veces, recogí la carta que se encontraba celosamente sellada y la leí. Tus palabras escritas recitaban que me amabas, que me entregabas tu vida porque tu amor ya lo tenía. Me agarró por sorpresa esas líneas, ya lo había olvidado, suspiré con melancolía al ver la fecha, y sonreí con desgano.
Decidí abrir el cajón donde guardaba mis más tiernos recuerdos llenos de colores, de alegrías y de un amor que quedo en el olvido y que hoy se aparece como un fantasma sin intención de asustar.
Había guardado tantas cosas en ese cajón, cosas pequeñas y grandes que me había olvidado que existían. Otro suspiro. Otra sonrisa. Otro pesar.
Hoy me daba cuenta cuán profundamente estúpida había sido en aquel tiempo.
Casi en todas las cartas me decías que no podías vivir sin mí, y recuerdo que yo te decía: “Yo sí puedo vivir sin ti, solo que no quiero hacerlo”. ¿Recuerdas?
No, mejor no recuerdes. Porque a veces lo recuerdos traen consigo tristeza y malos entendidos, resentimientos y dolor, mucho dolor.
Habían pasado meses, varios meces desde que no abría aquel cajón lleno de secretos, nuestros secretos. Y hoy, abría el cajón lentamente, como si algo, cualquier cosa que se encuentre dentro de éste, me podría atacar o dañar, me protegía, siempre lo había hecho. Y a veces creo que de la única persona que he debido protegerme todo este tiempo soy yo. Nunca debí protegerme de ti, porque tú nunca me hiciste daño, y no porque no tuvieras la oportunidad de hacerlo sino porque me amabas más que yo a ti.
Prometí no llorar esta vez, y no lo haré. Aún cuando me de cólera a mí misma y me odie por haberte dejado ir, aún cuando la culpable siempre fui yo, aún cuando todo este tiempo guardaba una esperanza tonta que no es necesario mencionarla, aún cuando esos recuerdos duelen y me hacen feliz, a pesar de tener motivos para llorar, no lo haré.Decidí guardar la carta en el cajón donde se encontraba, y cerré fuertemente aquel cajón, casi con furia y con tristeza.
