domingo, 24 de octubre de 2010

cajón de secretos

Al recoger unos papeles que había arrojado al piso el otro día, encontré algo que me llamo la atención. Pensé que lo había guardado bien, no pensé encontrarme con todo eso.
Era una de tus cartas que había caído accidentalmente al suelo, estaba a los pies del cajón donde guardaba tus recuerdos. Hice algo sin pensarlo dos veces, recogí la carta que se encontraba celosamente sellada y la leí. Tus palabras escritas recitaban que me amabas, que me entregabas tu vida porque tu amor ya lo tenía. Me agarró por sorpresa esas líneas, ya lo había olvidado, suspiré con melancolía al ver la fecha, y sonreí con desgano.
Decidí abrir el cajón donde guardaba mis más tiernos recuerdos llenos de colores, de alegrías y de un amor que quedo en el olvido y que hoy se aparece como un fantasma sin intención de asustar.
Había guardado tantas cosas en ese cajón, cosas pequeñas y grandes que me había olvidado que existían. Otro suspiro. Otra sonrisa. Otro pesar.
Hoy me daba cuenta cuán profundamente estúpida había sido en aquel tiempo.
Casi en todas las cartas me decías que no podías vivir sin mí, y recuerdo que yo te decía: “Yo sí puedo vivir sin ti, solo que no quiero hacerlo”. ¿Recuerdas?
No, mejor no recuerdes. Porque a veces lo recuerdos traen consigo tristeza y malos entendidos, resentimientos y dolor, mucho dolor.
Habían pasado meses, varios meces desde que no abría aquel cajón lleno de secretos, nuestros secretos. Y hoy, abría el cajón lentamente, como si algo, cualquier cosa que se encuentre dentro de éste, me podría atacar o dañar, me protegía, siempre lo había hecho. Y a veces creo que de la única persona que he debido protegerme todo este tiempo soy yo. Nunca debí protegerme de ti, porque tú nunca me hiciste daño, y no porque no tuvieras la oportunidad de hacerlo sino porque me amabas más que yo a ti.
Prometí no llorar esta vez, y no lo haré. Aún cuando me de cólera a mí misma y me odie por haberte dejado ir, aún cuando la culpable siempre fui yo, aún cuando todo este tiempo guardaba una esperanza tonta que no es necesario mencionarla, aún cuando esos recuerdos duelen y me hacen feliz, a pesar de tener motivos para llorar, no lo haré.Decidí guardar la carta en el cajón donde se encontraba, y cerré fuertemente aquel cajón, casi con furia y con tristeza.

sábado, 23 de octubre de 2010

una copa más



Me encuentro tumbada en el suelo con las piernas entreabiertas, con la espalda recostada en la pared. Tengo sed y saboreo mis labios humedeciéndolos con saliva.
No me quiero mirar al espejo porque sé que estoy hecha un completo desastre. Estoy ebria.
Perdí la noción del tiempo hace más de una hora, incluso no sé donde me encuentro, pero puedo aventurar que estoy en el suelo de mi habitación, pues las paredes tienen un color que me es familiar.
¡Maldición! Se acabó el segundo whisky y odio saber que solo me queda un vino, que la gaseosa se terminó y que el hielo se derritió. Eso es mala suerte.
En el fondo de este vaso lleno de alcohol y recuerdos, veo tu rostro desdibujado que me sonríe con suficiencia.
¡¿Así me querías ver?! –grito preguntándole a tu recuerdo que no me responde. Solo escucho tu voz como un susurro en mi memoria, como algo lejano. Y yo sé que nada de esto es cierto, todo es producto de mi ebriedad.
Abro la botella de vino, es dulce. Trato de pararme y me caigo en el intento, me siento tan patética. Empiezo a llorar.
Lloro con amargura y mis lágrimas saben a odio, tienen en su poder el resentimiento y no veo en ellas el más mínimo sentimiento de amor, de ello no queda nada.
Entre llantos, alcohol y recuerdos, te veo como una ilusión que me atormenta abrazándome al delirio de mi poca cordura. Me consuelas en mis pensamientos. Me hago creer que te interesas por mí, que me quieres y que vas a regresar, que no me dejaste, que piensas en mí tanto como yo en ti y que ésta solo es una etapa de esas que uno tiene que pasar para darse cuenta de cuánto vale una persona y que tienes que valorar lo que tienes. Me hago creer tantas cosas que en realidad no engañan a nadie, lo peor de todo es que ni siquiera me engañan a mí misma.
No estoy preparada para decirte adiós ¿No lo entiendes? Por favor, no me dejes en este estado. ¿Cómo supones que siga adelante si no estás a mi lado? ¿No entiendes aún que te necesito conmigo? Acaso, ¿tú no me necesitas? ¿No te hago falta? Acaso… ¿ya me olvidaste? ¿Es eso?
Pero, ¡Claro! ¡Qué estúpida! ¡Es eso! Ya no me quieres a tu lado…
Esto de beber alcohol en exceso definitivamente es malo para la salud, para el alma y para el corazón roto. Solo terminaré la copa de vino que me serví antes de comenzar a gritar mi monólogo a tu recuerdo que juega conmigo, pues se desvanece cada vez que quiero alcanzarlo. Tu recuerdo juega conmigo y yo ya no quiero jugar. Ya me cansé de esto. Solo una copa más y luego, me olvido de ti, lo prometo. Hasta entonces aún te recordaré.